DIARIO de JULES RENARD

 

1887

 

Sin fecha. La frase de Baudelaire: densa y como cargada de fluídos eléctricos.

 

Detesto las historias que transcurren en algun lugar concreto. Por esa razón, sin duda, me gustan tanto los libros de viajes, pues como soy muy poco versado en geografía, los lugares que me describen son para mí países vagos, países imaginarios y de ensueño que, por decirlo así, no cuentan.

 

¿Quién sabe si cada suceso no es resultado de algo que uno ha soñado, o que otro ha soñado, y de lo que ya no se acuerda o no llegó a saber?

 

Una mujer tiene la importancia de un nido entre dos ramas.

 

La mujer, con sus muslos que se abren, corta -como si fuese una tijera- las hierbas de nuestros deseos.

 

Estamos cansados de segar tantos deseos en el hermoso campo de nuestro amor.

La mujer a un hermoso animal sin piel, cuya piel es muy buscada.

 

El talento es una cuestión de cantidad. El talento no consiste en escribir una página sino trescientos. No hay novela que una inteligencia común no pueda concebir, ni una frase, por bella que sea, que un principiante no sea capaz de construir. Para esto, basta mover la pluma sobre un papel y hacerlo con suma paciencia. Los fuertes no dudan: se sientan ante su mesa de trabajo y ¡a sudar! Llegarán al final. Acabarán con la tinta, gastarán el papel. Esta es toda la diferencia entre la gente de talento y los débiles que jamás se deciden a empezar. En la literatura sólo hay bueyes. Los genios son los más grandes: los que sufren diez y ocho horas diarias de una manera infatigable. La gloria es un esfuerzo constante.

 

Un pájaro envuelto entre las brumas, igual que si trajera pedazos de una nube desgarrada a picotazos.

 

Variedad de mujeres: es necesario ver con qué melancolía devora un tarro de dulces...

 

20 de junio. La nostalgia que sentimos por países que no conocemos, tal vez sólo sea el recuerdo de lugares que recorrimos en viajes anteriores a esta vida.

 

1 de julio. Hoy iré a almorzar con Enrique Maret, de El Radical. El afirma -es una reflexión profunda- que a un hombre a quien se le paga el almuerzo es un hombre medio domesticado.

 

Sin fecha. Tú eres como el que pide café hirviendo para dejarlo enfriar.

 

16 de julio: He pasado esta noche entre las grandes damas del siglo XVIII: la Du Barry, la Pompadour, la duquesa de Chateauroux, y me ha asaltado el deseo de ofrecer a la suerte sesenta años de mi vida por uno de Luis XV. Pero todo ese mundo ya desapareció y sólo queda el remordimiento de haber nacido un poco tarde.

 

20 de julio. El ingenio es a la verdadera inteligencia lo que el vinagre es al vino fuerte y de buena cepa: un brebaje para cerebros estériles y estómagos enfermizos.

 

22 de julio. El mar, gran artista, mata por matar, y después arroja sobre las rocas, con desdén, los despojos.

 

25 de julio. ¡Qué esta mujer ardiente no pueda casarse con un caballo!

 

4 de agosto. Entre Ronsard y André Chénier (¡aún Andre Chérnier!...) se busca en vano un poeta. No un rimador, un versificador, un alineador de palabras, sino un poeta. ¡Ni uno! Llamamos poesía a una creación por la imagen y el ensueño.

 

9 de agosto. A orillas del mar. Copos de espuma. Se diría que la ola estalla como un petardo sordo y lejano del que sólo se viese el humo.

 

17 de setiembre. Una inexactitud escrupulosa.

 

13 de octubre. Aplaudía el drama de su cerebro con un castañeteo de dientes.

 

21 de octubre. Elevemos la panadería a la altura de una institución nacional: pan gratuito y obligatorio.

 

23 de octubre. En mí, una necesidad casi incesante de hablar mal de los demás, y una gran indiferencia al hacerlo.

 

24 de octubre. Se discutiría menos si de una discusión pudiera salir la más mínima verdad, pues nada hay más fastidioso que ponerse de acuerdo: ya no se tiene nada que decir.

 

28 de octubre. ¡Qué mundo tan curioso es del sueño! Dentro de nosotros los pensamientos, las palabras interiores se apretujan, hormiguean. Todo ese pequeño mundo que se apresura a vivir antes del despertar, que es su muerte, su fin.

 

3 de noviembre. Permanecer al acecho, con la pluma en alto, listos a a clavar la menor idea que pueda salir de la inteligencia.

 

5 de noviembre. La mujer se desquita, especialmente en la litertura, de la posición de inferioridad que -según dice- ocupa en la sociedad.

 

8 de noviembre. Lo que caracteriza el estilo de los Goncourt, es el menosprecio a la armonía, eso que Flaubert llamaba "la caida de las frases". Ellos están encombrados; sus frases, repletas de genitivos acoplados, de pesados subjuntivos, de giros patéticos que parecen salir de una boca llena de saliva. Tienen palabras que parecen zarzas, una sintaxis que irrita la garganta, que produce en el paladar la impresión de algo que se desea vomitar.

 

9 de noviembre. El arte antes que todo. Permanecía un mes, dos, entre sus libros, sin pedir nada más que tiempo para el descanso y el sueño. Y luego, de pronto, palpaba sus bolsillos. Debía buscarse un empleo cualquiera para sobrevivir. Durante muchos días, codo a codo con oficinistas de raza, pegaba estampillas, escribía direcciones; aceptaba cualquier tarea, ganaba unos centavos, daba las gracias al patrón y regresaba a sus libros hasta que lo presionara un nuevo apuro económico.

 

21 de noviembre. Cuando ya no podemos contar con nada, debemos contar con todo.

Cuando no se tiene de qué hablar, se habla de todo.

 

24 de noviembre. Me dicen que Montépin tiene ante sí, sobre su mesa, hombrecillos de madera que va quitando conforme mueren en su novela.

 

25 de noviembre. En plena ciudad es donde se escriben las más bellas páginas sobre el campo.

 

4 de diciembre. La mente sólo acepta una idea al corporizarla: de ahí las comparaciones.

 

27 de diciembre. El trabajo piensa, la pereza sueña.

 

1888

 

Febrero. ¿Para qué arrojar ciencia en un cerebro de mujer! Echen un océano o un vaso de agua en el ojo de una aguja, y sólo pasara, siempre, una sola gota.

 

Julio. Nada más fastidioso que los retratos de Gautier. La figura es descrita trazo por trazo, con detalles y fastidiosas minucias. No deja nada a la imaginación. Ese es un grave error del gran escritor, error del cual se cuida de caer la escuela moderna. Se describe ahora mediante una palabra precisa, una imagen, pero sin entretenerse en detalles microscópicos.

 

9 de octubre. He recibido una carta entristecedora de mi padre. Nada acerca de Crime de Village (*), ni una palabra. Otra vanidad que tendré que perder.

 

11 de octubre. Escribió un poema y lo empezó así: "¡Musa, no me digas nada! ¡Musa, cállate!"

 

13 de octubre. La elocuencia. San Andrés, clavado en la cruz, predica durante dos días a veinte mil personas. Todas lo escuchan cautivadas, pero ninguno piensa en liberarlo.

 

20 de octubre. He leído el primer volumen de Entr'actes de Dumas hijo; nada que reeleer.

 

15 de noviembre. Las palabras son la moneda suelta del pensamiento. Hay charlatanes que nos pagan con monedas de diez céntimos y otros, al contrario, con luises de oro.

 

La conversación puede ser comparada a una lámpara. Se sube la mecha y aún algunas ideas dan alguna luminosidad, pero decididamente falta aceite. Las palabras mueren, el pensamiento dormita.

 

Todo pensamiento escrito está muerto. Antes vivía, ya no vive más. Era flor; la escritura la ha vuelto artificial, es decir, inmutable.

 

23 de noviembre. El poeta debe soñar y observar. Tengo la convicción de que por ahí se ha de renovar la poesía. Requiere de una transformación análoga a la que se ha producido en la novela. ¡Resulta increíble que la vieja mitología aún nos oprima! ¿Para qué escribir que un árbol se halla habitado por el fauno? Está habitado por él mismo. El árbol vive: eso es lo que hay que creer. La planta tiene un alma. Lo hoja no es lo que la gente vana piensa. Se habla con frecuencia de las hojas muertas, pero nadie cree que mueran. ¿Para qué crear la vida junto a la vida? ¡Faunos, ya tuvieron sus tiempos, ahora el poeta quiere conversar con el árbol!

 

Trabajas todos los días. Aceptas la vida en serio. Crees en tu arte con fervor. Te sirves de la mujer con prudencia. Pero no serás nada.

 

29 de diciembre. ¡Cuánta gente quiso suicidarse y se contentó con romper su retrato!

 

1889

 

15 de enero. Algo que me ha sorprendido siempre: la admiración general de los escritores de talento por Enrique Heine. Confieso que no comprendo nada de este alemán que cometió el gran error de venir a posar para los franceses. Su Intermezzo me parece la obra de un principiante que hubiera querido hacer algo poético.

 

16 de enero. ¡Piensen en lo que es la vida de un juez de paz entre los campesinos que lo acosan con su testadurez incansable! Lo asaltan hasta en la calle. Pero parece que para él el medio más seguro de llegar a la verdad todavía consiste en decirles: "¿Lo juras?". El campesino se asusta, tiene miedo. Impresionado, titubea. Él, tan astuto, se encuentra desconcertado; le gustaría mentir, pero no así. Un crucifijo tiene más poder sobre él que todos los razonamientos.

 

17 de enero. El campesino necesita estar dos veces seguro de una verdad para apostar por ella.

 

El sabio generaliza, el artista individualiza.

 

18 de enero. El mirlo, ese cuervo minúsculo.

 

23 de enero. Los hombres de la naturaleza, como se les llama, apenas hablan de la naturaleza.

 

25 de enero. Debería prohibirse a todo escritor moderno, bajo pena de multa e incluso de prisión, utilizar comparaciones de la mitología o hablar del arpa, la lira, la musa y los cisnes. De cigüeñas, tal vez...

 

Se reprocha a los decadentes su oscuridad. Es una mala crítica. ¿Qué hay que comprender en un poema? Absolutamente nada. Los versos no son una versión latina requiriendo explicación. Me gusta mucho Lamartine, pero la música de su verso me basta. No se gana gran cosa con mirar por debajo de las palabras. Se encontraría muy poco. Pero es exigir mucho querer que la música tenga sentido, mucho sentido. Lamartine y los decadentes coinciden en este punto: no consideran sino la forma. Los decadentes insisten en ello un poco más, eso es todo.

 

30 de enero. La imagen ideal de la calma es un gato sentado.

 

2 de febrero. Podría creerse que los ojos de los recién nacidos -ojos que no ven y que apenas se ven, ojos carentes de blanco, profundos y vagos- están hechos con un poco de ese abismo del que salen.

 

20 de febrero. Leí El mar de Michelet. Él es el arquetipo del conversador. De una pequeña idea extrae una larga página...

 

4 de abril. Las hermanas Vatard, de Huysmans, es un Zola de metal, un materialismo de relumbrón.

 

6 de abril. Todo lo que he leído, lo que he pensado, todas mis paradojas forzadas, mi odio por los convencionalismos, mi desprecio por lo trivial, no impiden que me enternezca con la llegada de la primavera, que busque violetas al pie de los setos entre la boñiga y la basura podrida, que juegue a las bolitas con los chiquillos, que contemple a los lagartos y a las mariposas de alas amarillas, que le traiga una florecilla azul a mi mujer. Eterno antagonismo, esfuerzo continuo para huir de la estupidez en la que felizmente volvemos a caer sin poder evitarlo.

 

8 de abril. El hombre casado es al hombre soltero lo que un libro encuadernado es a un libro en rústica.

 

10 de abril. El horror a los burgueses es burguesía.

 

21 de mayo. ¿Qué hace Julio?
 -Trabaja.
 -Sí, trabaja. ¿Pero en qué?
 -Ya se lo he dicho: en su libro.
 -¿Se necesita tanto tiempo para copiar un libro?
 -No lo copia; lo inventa.
 -¡Lo inventa! Entonces, ¿no es verdad lo que se escribe en los libros?

 

14 de junio. ¿Tenemos un destino? ¿Somos libres? ¡Qué fastidio no saberlo! ¡Qué fastidio si lo supiéramos!

 

9 de julio. En toda mujer hay una suegra.

 

14 de julio. La mujer habla siempre de su edad pero jamás la dice.

 

25 de julio. Escribir una serie de pensamientos, de notas, de reflexiones para el uso de Pedro -mi hijo-, titulados Los cuadernos de Boulouloum. Por ejemplo:

 

Literatura: No voy a dictarte un curso, sólo puedo decirte qué libros he releído y qué escritores amo.
Pintura: Deseo que la ames y muestres mejor gusto que yo, pues jamás pude distinguir un cuadro de una litografía en colores.
Moral: En moral la voluntad es importante.

 

Boulouloum: Te recomiendo los cuentos de hadas, muy particularmente. A mí todavía me encantan; las hadas nos huyen. Son radiantes, no se las puede atrapar, ni se las puede ver, y se las ama eternamente.

 

31 de julio. Beber cada mañana una taza de Sol y comer una espiga de trigo.

 "¡Usted no trabaja! ¡Cochino!" -decía Langibout a Anatole. Yo también me digo: "¡No trabajas! ¡Eres un cochino!". Sí, está bien. Te bebes el Sol, contemplas, observas, gozas de la vida, miras a los lagartos y a las libélulas que, unidas por el cuello, vuelan de ramilla en ramilla y se posan, la una muy tiesa y la otra en línea quebrada, con su colita en el agua. Te dices: "Antes hay que aprender a verlo todo: la brizna de la hierba, los gansos que graznan en los establos, la puesta de Sol, la cola del Sol poniente que se extiende -rosa y púrpura- en el horizonte como un velo desplegado donde se posa el arco de la Luna. Con las manos en los bolsillos, te llenas de imágenes. Levantas a paladas, a derecha e izquierda, tus ensueños que desbordan al azar.

 

Hasta tienes ideas tristes. Piensas con terror en la muerte cuando truena, y sin miedo cuando el día está claro, la luz penetra por todas partes, observa por las rendijas de los postigos y hace inclinar las pesadas espigas; son momentos en que quisieras estar tranquilo, a la sombra, en alguna parte lejos del mundo, y sin embargo te ves, sin emoción, con los pies juntos, estirado, abstraído, casi sonriente, a pocas pulgadas bajo tierra, muy cerca de las flores, de las hierbas, de la vida y el ruído.

 

Está bien, te escucho. Ya ni vas de caza, te repugna matar un pájaro: ¿acaso no tiene derecho a la vida? No pescas; los peces se te antojan seres vivos que te cautivan como los demás animales, que tienen alas para volar en el agua, que luchan, se defienden, viven. Te vuelves elegíaco, lo comprendes todo como un panteísta, ves a Dios en todas partes y en ninguna. Sonríes con benevolencia porque tienes ideas serenas. Paladeas el tiempo. ¡Qué bien te encuentras! Pero te repito: "¡Cochino, no trabajas!".

 

9 de agosto. Mi gordo librero, que sólo sabe el título de los libros, al darme Le disciple, de Bourget, me dijo con voz pueril, tono convencido y cara de tonto: "Es divertido, pero un poco duro".

 

12 de agosto. La gran facilidad que tenía para adueñarse de las ideas y los sentimientos de sus autores favoritos, paralizaba su originalidad. No podía contenerse. Creía que cada libro atesoraba máximas excelentes o alguna teoría conveniente que él no tardaba en adoptar. De ahí lo difuso de sus pensamientos, la multiplicidad de gustos para los que siempre encontraba satisfacción, aunque al mismo tiempo ignoraba la meta que debía alcanzar, los pasos equivocados que deben darse, los inútiles viajes literarios; un obsesivo eclecticismo hizo de él un mediocre, y de su ingenio, un verdadero ingenio literario, parásito de los demás e incapaz de vivir por sí mismo.

 

24 de agosto. Los escritores a los que no les gusta Víctor Hugo me aburren, aunque no digan nada de ello.

 

28 de agosto. Es desesperante leer, leer y no retener nada. Porque no retenemos nada. A pesar de nuestros esfuerzos, todo huye y deja sólo fragmentos frágiles como las guedejas de humo que marcan el paso de un tren.

 

30 de agosto. Hasta cierta edad -no sé cuál-, por más que nos esforcemos, no se siente ninguna satisfacción al conversar con una mujer que no puede llegar a ser nuestra amante.

 

5 de setiembre. El individuo es planta, simiente y fruto. También el arte, la religión y la sociedad son plantas, todo es planta. Sin embargo, a pesar de mi admiración por ese gran escritor que es Taine, no puedo dejar de darme cuenta que todas sus comparaciones son pobres, similares y triviales.

 

¡Pido la gloria! Una persona me dijo que yo llevaba algo dentro. Otra, que le parecía mejor y menos sucio que Maupassant, otra... y otra... ¿Eso es la gloria? No, por mi parte, no me importa y me tiene sin cuidado lo que puedan pensar.
¿Y las mujeres? Anoche una linda mujer, con un hermoso cuerpo, me dijo: "Leo y releo Crime de Village". He ahí la gloria, la tengo. Ahora bien, esa mujer es una hermosa tonta, sin ideas; si fuera muda me gustaría acostarme con ella. Si la gloria fuera eso ya sería mía y, bien mirado, salvadas las distancias, la gloria no es otra cosa. La cantidad cambia, la calidad se mantiene. Es también cuestión de oído; para una basta un poquito de algodón; para la otra, un paquete entero.

 

6 de setiembre. Envidio a los pintores porque dominan a su público. Esta mañana observaba a Béraud... en el Palais des Machines. Se ponía en pose ante su tela, su sombrero gris coronaba el caballete. Tomaba un poco de color de su paleta y lo aplicaba con delicadeza. Retrocedía, sonreía, me explicaba lo ingrato del tema y su deseo de hacer algo nuevo. Además sostenía un junco que hacía restallar, a veces de manera inquietante. Señalaba un punto luminoso, un fondo difícil de desentrañar. ¿Qué puede hacer el público ante tal espectáculo? Está vencido de antemano. Su vanidad y su tontería hacen el resto; no entiende nada, pero si lo hace notar se pondrá en evidencia. Debe pasar por entendido: pronuncia una palabra poco comprometedora, mientras mira a derecha e izquierda. En ese momento el pintor sonríe. El público, conquistado, hablará de la sonrisa y el lienzo, principalmente de la sonrisa. Su palabra ha sido la exacta.

 

El pintor domina a los necios con su presencia y con su bastón de caña. Además, se lo ve trabajar. ¡Por lo menos trabaja!

 

Un escritor, en cambio, ha pasado muchas noches para escribir un libro que el público compra en dos francos con setenta y cinco. El lector lo abrirá en su casa, solo, completamente solo -entiéndase bien-, sin miedo. Puede tirarlo al canasto, si quiere: es un hombre libre que no teme ya ni al que está a su lado ni al latigazo del pintor. Puede ser estúpido a su gusto, aplastar de un puñetazo un libro de dos francos con setenta y cinco, como el ama que cuando nadie la ve pellizca al niño que alborota demasiado y lo llama "monstruo malvado". Envidio a los pintores.

7 de setiembre. La señorita Blanca escribe versos. Le parece que hay personas que los hacen mal, ella busca la delicadeza. Si alguien le propone mantos y pieles, ella contesta, en verso, que hay algo más cálido: la amistad. Ese cumplido almibarado es para los amigos que la invitan a cenar. Para ella la poesia es eso. Si se le ocurre un buena idea y la versifica es feliz todo el día. Ese es su ideal del poeta, y a veces cree que ella misma lo es. ¿Quién se atreverá a decirle que está equivocada?

18 de setiembre. Todavía no se ha escrito un libro modernista sobre el campo.
El campo se presta a todas las divagaciones del ensueño. Interrogamos tranquilamente al arroyo, al árbol, a los potreros de alfalfa y no nos contestan. Lo que fastidia en los hombres es que siempre quieren contestar todas las preguntas. Todos tienen una verdad, una solución: es desolador.

 

Nunca saldré de este dilema: Aborrezco los disgustos, pero me estimulan, despiertan mi talento. En cambio, la tranquilidad y el bienestar me paralizan. Así que debo elegir entre la calma o vivir eternamente desazonado. Confieso que prefiero esto último, pero me fastidiaría que lo tomaran al pie de la letra.

 

24 de setiembre. Comencé Obermann de Sénancoir. Es ilegible. De veras, no pude terminarlo. Es insensato rendir culto al tedio. ¡Qué idiotez esa antigua "melancolía"! El alma no es gran cosa, pero esa escuela lograba anularla por completo.

 

25 de setiembre. Leo novela tras novela, me atiborro, me harto de ellas con el objeto de sentir asco de sus trivialidades, de sus repeticiones, de sus convencionalismos, de sus procedimientos sistemáticos y asi poder escribir yo algo diferente.

 

26 de setiembre. Sólo he visto una vez a Théodore de Banville. Fue en casa de Labitte, poeta lamartiniano de muy mediocre talento, aunque persona amable y que me daba lástima cuando me contaba las canalladas de su mujer. Esa noche Banville estuvo poco tiempo; creo que acostumbra a acostarse temprano. Recuerdo su rostro lampiño, redondo y pastoso como un queso blanco. Yo no lo conocía como poeta, porque en esa época sólo me leía a mí mismo. Era sin duda una celebridad que yo no había verificado. Es extraño que en esos años -1884-, cuando tenía veinte años, no tuviera esa invencible timidez que más tarde se apoderó de mí como una enfermedad oculta y me alejó de la vida en sociedad, y que me hacía temblar cada vez que me acercaba a alguien famoso, lo que, por otra parte, me sucede pocas veces. Banville no me impresionó, en absoluto. Lahitte me presentó ante él como poeta y estudiante de derecho.
-Bien por el poeta -me dijo Banville-, pero estudiante de derecho...
Le expliqué que asitía a los cursos lo menos posible y me pareció que sonrió con benevolencia. Eso fue casi todo. Creo que me reprochó por haber dejado que Ruel leyera en público mis primeros versos, "Les Etoiles" -que calificó de muy buenos- ; Ruel es un viejo poeta fracasado y tonto, que se daba lustre patrocinándome para lograr para mí, gracias a su empeño, un pequeño éxito literario.
Más vanidoso entonces que ahora -ha asistido ya al entierro de muchos de mis sueños-, satisfecho por el murmullo amistoso que acompañó a mi estrella al surgir, no le hice caso a Banville. Lo lamento amargamente, pues ese día perdí la oportunidad de escuchar su conversación alegre, metafórica, lírica y siempre espiritual, de la cual sus Souvenirs sólo nos dejan una impresión lejana y débil.
Recuerdo también que cuando el poeta Grangeneuve quiso leer, con su profunda voz gálica, algunos versos de Banville, el maestro levantó la mano lentamente y con un gesto untoso de sacerdote, dijo:
-No, por favor, me avergonzaría.
La expresión esta bien, ¡pero cuántas veces la repitió Banville! 30 de setiembre. En la sala de armas hay un montón de marqueses y condes. Esa gente vive de su nombre como otros de su trabajo. Me impresionan. A mí, que soy plebeyo, hijo de campesino, me parecen necios, pero los respeto, y cuando paso ante sus lastimosas figuras expuestas les pido perdón con timidez

 

Para poder escribir una novela, siempre debo proponerme escribir dos.

 

Se me ocurre la idea de reunir mis notas en un volumen, de agruparlas por temas: generalidades, el hombre, la mujer, los amantes, los literatos, la ciudad, el campo el mar, el poeta, el amigo del poeta, Dios, la política, consejos a Boulouloum.

 

6 de octubre. Lo más útil que he hecho hasta ahora es, sin duda, hacer girar monedas sobre mi escritorio para divertir a Francisco.

 

Un día se pondrán fonógrafos en los relojes de pared. En vez de dar la hora dirán: "Son las cinco" o "Son las ocho", y nosotros les  diremos: "Atrasas" o "Adelantas".

Conversaremos con el tiempo y él se detendrá para echar un párrafo como cualquier portero o criada de la vecindad.

 

8 de octubre. Esa noche se hablaba de éxito de Barrès y desde nuestro interior subía, con el vapor de la sopa y el olorcillo de pollo relleno, nuestro despecho por no tener una nariz tan larga como la suya.

 

21 de octubre. Cuando abrazo a una mujer me doy cuenta de que, aun en ese momento, estoy haciendo literatura; digo la palabra necesaria porque es literaria. Me es imposible ser sincero. Lamentó No hablar inglés, pues preferiría decir "Te amo" en inglés, a mostrarme natural.

 

Nada tan malo como las novelas cortas de Balzac. Es un género muy pequeño para él. Por otra parte, cuando Balzac tenía una idea, escribía a partir de ella una novela completa.

 

Un La Bruyère en estilo moderno, eso es lo que habría que ser.

 

22 de octubre. Hoy, papá, con un coquetería tardía, calza guantes como un joven. Si le preguntáramos por qué lo hace, contestaría que la vejez le hiela la punta de los dedos.

 

28 de octubre. En el despacho de los comisarios de policía se encuentran personas de este tipo:
El inspector: ¿Cuántos hijos tiene usted?
-Cinco... no... seis. No, cinco.
-Veamos, ¿cinco o seis?
-Señor inspector, creo que son seis.
-¿Dónde vive usted?
-En la calle Légendre.
-Está bien, váyase.
-Perdón, señor inspector, le dije en la calle Légendre, pero no es en ésa, sino en la de al lado.
-¿Cuánto tiempo hace que vive usted en esa calle?
-Un año.
-¿Y todavía no aprendió el nombre?
-Lo olvidé, señor inspector.
Esa gente tiene el mismo derecho que el señor Renan para votar.

 

5 de noviembre. ¡Si tuviera un secretario en mis sueños! ¡Qué cosas bellas escribiría! De día, lo único que hago es encender mi pensamiento que, a veces, está triste como un fuego que no quiere avivarse. Pero en cuanto me duermo, surge la llama y mi cerebro es una fábrica nocturna.

 

6 de noviembre. Queremos fundar una revista. Todos preguntamos: "Pero, ¿quién hará la crónica?". Nadie quiere hacerla. Entonces alguien propone: "Nos turnaremos: una vez cada uno". Y así descubrimos que cada uno de nosotros tiene una crónica en el bolsillo para el primer número.

 

Vallete, jefe de redactores, matiza su conversación con expresiones como éstas: "Aumento, dinero en caja, ingresos, rendimiento de cuentas".

 

En una palabra, lugo de haber proclamado que despreciamos el dinero, nos sentiríamos muy orgullosos si el primer número nos deja diez céntimos.

 

23 de noviembre. Hoy leo en La Revue Bleue un artículo sobre Barrès. Barrès está de moda. Para juzgarlo cabalmente como literato se le debe aplicar lo que Rivarol decía de Lauraguais: "Sus ideas se parecen a los vidrios amontonados en una vidriería: "separadamente cada uno de ellos es transparente, pero todos juntos son oscuros".

 

7 de diciembre. Los novelistas hablan a menudo del olor de la mujer elegante a la cual nos acercamos. Pongámonos de acuerdo: o la mujer se ha perfumado y no es ella quien huele, o, de lo contrario, su olor emana de las axilas o del bajo vientre, porque no se lava. Felizmente, la mujer sana y limpia no huele a nada.

 

20 de diciembre. Redactaba minuciosamente una lista de las personas que triunfaron tarde. Se alegraba al ver que tal o cual coantemporáneo de moda tenía más de cuarenta años; entonces se decía: "¡Aún tengo tiempo!".


1890

 

2 de enero. Puede uno ser poeta y llevar el pelo corto.
Puede uno ser poeta y pagar el alquiler.
Aunque poeta, puede uno acostarse con su mujer.
Alguna vez un poeta puede escribir en francés.

 

23 de enero. Quizá se pueda tener talento, señor Tailhade, sin tratar a ese literato de tonto y a aquél de sacamuelas.

 

24 de enero. Hay que operar por disociación y no por asociación de ideas. Una asociación es trivial casi siempre; en cambio la disociación descompone y descubre afinidades latentes.

 

28 de enero. Los burgueses son los otros.

 

9 de febrero.-¿Ha entregado usted ya algo a los editores?
-Sí, pero me lo han devuelto.

 

12 de febrero. La confesión de un escritor. Etapas: Lamartine, Musset, Victor Hugo, Baudelaire, los jóvenes.

 

14 de febrero. Avido por conocerlo todo, por estar al corriente, he terminado por preferir los libros muy cortos, fáciles de leer, impresos con grandes caracteres, con muchos claros, así puedo meterlos cuanto antes en mi biblioteca y pasar a otros.

 

El abuso de la muerte en los libros los horripilaba; sin embargo, se le apretaba el corazón ante un deceso, ante un entierro, ante esos terribles formulismos. Uno se indigna y dice: "¡Qué tontería!". Pero cuando esos formulismos están bien expresados tenemos unas ganas atroces de llorar.

 

15 de febrero. Entramos en un libro como en un vagón, echando ojeadas hacia atrás, con indecisión, con la molestia de cambiar de lugar o de ideas. ¿Cómo será el viaje? ¿Cómo será el libro?

 

17 de febrero. Busquen el ridículo en todo y lo encontrarán.

 

18 de febrero. ¡El niño! Víctor Hugo y otros lo han visto como un ángel. Es feroz e infernal como debe ser visto. La literatura sobre el niño no podrá evolucionar mientras se continue con tal actitud. Es necesario acabar con el niño de azúcar que todos los Droz han dado de chupar al público. El niño es un pequeño animal necesario. Un gato es más humano. No el niño que hacen las palabras, sino el que hunde sus uñas en todo lo que encuentra blando. La preocupación continua de los padres los contiene.

 

21 de febrero. Peor para mí. La música me cansa, no sé nada de pintura, y una escultura me proporciona el mismo embeleso que la figura de cera que hay en la peluquería. Más aún, ésta me parece animada, se diría que tiene vida, pues gira sobre un eje, y con regularidad obstinada se quita y pone su tupé postizo como un presidente de Consejo.
-Eso ocurre porque le falta a usted un sentido -se me dirá. La psicología ya me había dicho que sólo tengo que cinco. ¡Qué importa uno más o uno menos, con tal de que me quede sea el que sirve!

 

Algunas veces el comentario adverso de un crítico que no nos gusta, hace que el libro comentado nos guste.

 

El derecho de un crítico consiste en contradecirse en cada uno de sus artículos y su deber en no tener ninguna convicción.

 

22 de febrero. Insoportable como un hombre que habla del "divino Virgilio". Toda la tradición está ahí: Honrarás a tu padre, a tu madre y a Virgilio.

 

1 de marzo. Está seguro de llegar, pero lentamente, sin sacudidas. Se situará, al fin, sobr mil reputaciones sólidas y su fama no será un fuego de paja, sino un largo consumo de leña verde.

 

13 de marzo. Es tan útil para un pueblo temer a la guerra como para una persona temer a la muerte.

 

A pesar de la continuidad ininterrumpida de nuestros vicios, siempre encontramos un momento para despreciar los de los otros.

 

17 de marzo. Paso por un momento muy malo. Todos los libros me desagradan y no hago nada. Más que nunca me doy cuenta de que no sirvo para nada, que no llegaré a nada, y estas líneas que escribo me parecen pueriles, ridículas, y sobre todo absolutamente inútiles. ¿Cómo salir de esto? Tengo un recurso: la hipocresía. Me encierro durante horas y todos creen que trabajo. Quizá me compadecen, algunos me admiran, mientras yo bostezo, con los ojos teñidos por reflejos amarillos, los reflejos de ictericia de mi biblioteca.

 

Mi mujer es un ser fuerte y dulce, lleno de vida, tengo un niño digno de un concurso y me faltan fuerzas para disfrutar de todo eso. Sé que ese estado de ánimo no durará y que vovleré a tener esperanzas y valor, que realizaré nuevos esfuerzos. ¡Ojalá estás confesiones me sirvieran para algo! ¡Si algún día llegara a ser un gran psicólogo como Bourget! Pero no creo que la vida me dé tiempo suficiente; moriré prematuramente o desfalleceré, convirtiéndome en un borracho de ensueños. Sería preferible picar piedras o labrar la tierra. No haré más que pasar mi vida, larga o corta, diciendo: "Sería mejor hacer otra cosa".
¿Por qué este balanceo del alma, este vaivén de nuestros anhelos? Nuestras esperanzas son como las olas del mar: cuando se retiran dejan al desnudo un montón de residuos nauseabundos, de conchitas infectas y de cangrejos olvidados, cangrejos morales y malolientes que se arrastran al revés para volver de nuevo al mar. ¡Qué estéril resulta la vida de un intelectual que no llega! Dios mío, soy inteligente, es evidente que lo soy más que otros, puesto que no me duermo al leer La tentation de Saint-Antoine, pero esta inteligencia es como el agua que corre, inútil e ignorada, para la que no se ha construido aún un molino. ¿Llegaré a instalarlo alguna vez?

 

18 de marzo. Un pedante es un hombre que, intelectualmente, digiere mal.

 

Colocamos nuestros elogios como nuestro dinero para que nos los devuelvan con intereses.

 

Durante largas horas espulgaba a Flaubert, le buscaba los piojos, los defectos, y terminaba afirmando que, después de todo, Flaubert no era un escritor tan bueno.

 

21 de marzo. Desconfien de los escépticos consumados, pues son capaces de juzgar con la máxima serveridad las menores acciones.

 

1 de abril. Llevar el peso de la conversación sigue siendo el mejor medio para no darse cuenta de que los demás son tontos.

 

9 de abril. A los ventiséis años tenemos tal apetito por todo lo nuevo y tal miedo de repetirnos, que jamás utilizamos nuestros apuntes.

 

Un joven de veinte años enamorado de una mujer de cuarenta le dice: "¡Permítame que la quiera como un padre!". La expresión típica del género sublime-grotesco. Que se diga en el teatro y la gente reirá a carcajadas.

 

11 de abril. Escribir un libro titulado El Nihilismo, y redactar capítulos de la filosofía moderna en forma experimental, es decir, mediante comparaciones tomadas de la vida trivial. Poner en evidencia un talento que se encierra poco a poco en sí mismo, que se plantea los problemas del conocimiento con la atención con que un burgués realiza sus negocios, y llegar así a la crítica de la razón pura de Kant, dejando a un lado su moral como cosa demasiado rebuscada y artificial. En una palabra, hacer un libro que fuera a la historia del pensamiento moderno lo que una novela de Zola es a sus teorías naturalistas. Filosofía aplicada.

 

12 de abril. ¡Qué importa lo que hago! Preguntadme qué pienso.

 

15 de abril -Voy a fundar un diario con Lombard -dice Marius André-; tenemos dinero para dos años.
-Entonces durarán dos meses.

 

17 de abril. Los dos Dumas han invertido la teoría de la economía; el padre fue el pródigo y el hijo el avaro.

 

19 de abril. En conclusión, sólo seré un rascatripas literario.

 

21 de abril. Cuando cometemos una indiscreción nos creemos salvados si le recomendamos a la persona que nos escucha que sea más discreta que nosotros.

 

28 de abril. Doy la impresión de vivir al día, como un desordenado; en cambio, sigo una línea de conducta recta y clara: dar a mi mujer y a mi hijo la mayor satisfacción material posible, contentarme con lo menos posible y obtener esto: que mi nombre suene como un cascabel de cobre.

 

3 de mayo. Podría decir que la mayor cantidad de ridiculeces para exponer la encontré en mi mismo.

 

5 de mayo. Ayer conversaba con Alix de su vida en Islandia y vagamente mencione a Loti, a quien Islandia inspiró sus libros más hermosos.
-Lo mismo que yo -dijo Alix-. Cuando estuve en la campaña militar de Islandia escribía en una hoja de papel las maniobras que hacíamos y las cosas que veía. Estaba muy bien, pero me robaron el papel. ¡No te imaginas Cuánto lo lamento!

 

11 de mayo. Lo que busco ante todo en una novela son aciertos en las frases. Es decir, que las novelas extranjeras, incluso las rusas, incluido Tolstoy, me resultan insoportables.

 

28 de mayo. Una risa triste es como un payaso vestido de negro.

 

Creer humano sólo lo que nos es propio: ése es el error.

 

30 de mayo. El silencio era tan absoluto que me creía sordo.

 

¡El realismo! ¡El realismo! Dadme una hermosa realidad y trabajaré de acuerdo con ella.

 

2 de junio. He construído castillos tan hermosos que con las ruínas me contentaría.

 

3 de junio. Le curé de Village de Balzac es un libro en el que una mujer criminal ¡se rehabilita por la agricultura!

 

4 de junio. He releído Le Curé de Village. La muerte de la señora Graslin es muy hermosa, pero creo que este género de novela ya demodé, por lo menos para los hombres de gran talento. Es una engañifa, produce un gran efecto que no dura y nos hace reír un poco. Y entonces Balzac no es más que un Montépin de talento, de genio si así se quiere. Creo que los escritores verdaderamente dotados ya no podrán escribir con seriedad libros como estos.

 

10 de junio. En sus Paysans, Balzac muestra al campesino parlanchín; en cambio, yo creo que no es así en lo absoluto. Balzac tiene demasiado talento y se lo presta a sus campesinos.

 

18 de junio. La molestia de no ser el íntimo amigo del escritor que más nos gusta nos lleva a hablar mal de él.

 

21 de junio. Un pintor es un hombre que lleva boina.

 

En el teatro, sobre todo, cada cual es responsable de sus actos.

 

Ciertas frases intensas de Villers de L'Isle Adam me dan la impresión de un balazo en la cabeza.

 

27 de junio. El balbuceo altivo de Barbey d'Aurevilly.

 

28 de junio. Se tiene veinte años desde los quince hasta los treinta.

 

1 de julio. El vedadero autor de un libro es quien lo hace publicar.

 

7 de julio. Un apunte es para mí algo tan muerto que jamás me es posible utilizarlo.

 

12 de agosto. Quizá sea Merimée el escritor que perdure más tiempo, pues es el que menos utiliza imágenes, motivo principal del envejecimiento del estilo. La posteridad será de los escritores secos, agripados.

 

3 de setiembre. Vallete definía así a Flaubert: la perfección del talento, pero sólo del talento.

 

Es asombroso que entre literatos nos estimemos a pesar de nuestras mutuas calumnias.

 

Cayó sobre mí a golpes de cortesía.

 

12 de setiembre. Anoche tuve una larga conversación con Vallette. Babylas, el hombre al que no le sucede nada, el hombre triste, siempre desconsolado, es él; es el hombre cuya vida, aunque ya esté terminado, continúa sin que sepa por qué. Tiene varios temas de novelas: la hija del oficial superior, el hombre que se casó con una mujer fría. Es la novela gris, la novela de los mediocres, por los que experimenta mucha lástima.

 

No se atreve a mirar dentro de sí: se tiene miedo. Acaba de relatarme el tema de Avengles y, temblando todavía con el escalofrío de la muerte, me dijo al hablar de la vida y su imbecilidad: "Nosotros nos hemos hecho; en cambio usted, todavía, es tal como nació".

24 de setiembre. No conocemos el Más Allá porque esta ignorancia es la condición sine qua non de nuestra vida. Igual que el hielo: para saber cómo es el fuego, debe fundirse, desaparacer.

 

9 de octubre. Los versos de José María de Heredia o de Leconte de Lisle parecen caballos de tiro galopando.

 

29 de noviembre. Barrès encontró la mejor manera de ser nuevo: complicar la expresión de los asuntos antiguos.

 

No se debería dejar pasar sin hacer una obra maestra el tiempo en que se cree en la literatura: es muy corto.

 

1 de diciembre. Cuando leemos Sixtine tenemos la sensación de pasar las yemas de los dedos por un terciopelo lleno de alfileres: el terciopelo es suave, pero los alfileres pinchan.

 

5 de diciembre. Jules Leclerq vino a pedirme que fuera testigo suyo contra R. Darzens, a quien quiere matar. Exige un duelo cruel: a quince metros, luego a veinte, después a veinticinco, a tres tiros; finalmente a dos metros, apuntando de cualquier manera. No es romántico, pero ha amado toda la vida a la misma mujer, y su futuro suegro le exige un certificado médico que demuestre que no es pederasta.

 

10 de diciembre. Vi esta mañana a Alphonse Daudet; Bonnetain estaba presente. Daudet se levantó para mirarme, y me dijo: "Reconozco a Pelo de Zanahoria". Daudet tiene una hermosa cabeza de escaparate con la barba un poco sucia; es un meridional moderado, viejo y deforme que ya camina con la ayuda de un bastón cuya punta es de goma. Me halaga con grandes cumplidos a los que no sé qué responder. ¿Debo decirle "señor" o "querido maestro?". Habla un poco de todo, sin ingenio, pero con espíritu amplio, sano; dice que las disculpas de Renan le han sentado mal a Foncourt; de Brinn'Gaubast, que fue profesor de su hijo Lucien; y de la desagradable historia del robo de los manuscritos de Lettres de mon Moulin. Daudet le decía a Brinn'Gaubast: "Usted daría el golpe con La lutte pour la vie: asesinaría por tres francos". Luego agrega: "La primera y única vez que quise tocar la gaita fue delante de mis primas, y sonó como un gran pedo cuando quise inflar mis pobres mejillas. Los jóvenes literatos de hoy me traen a la memoria esta lamentable anécdota".

 

14 de diciembre. La patria sería muy fuerte si fuésemos soldados a los doce años; a los veinte ya es demasiado tarde.


1891

 

5 de enero. Esta mañana vi a Daudet. Dice que Vignier "lleva la muerte de Robert Caze en bandolera"; de Zola "que trabaja tanto que está todo negro".

Parece que Goncourt leyó Sourires pincés (*) y que me escribirá...

 

Daudet compadece a los pobres honestos, a las mujeres que resisten las exigencias del sexo; dos veces se ha batido en duelo, una a pistola y otra a espada;, con Delpit, a quien hirió en el vientre y en el brazo. Cuando fue el duelo

Drumont-Meyer, y el primero resultó herido, Daudet, quitándose la chaqueta, pedía que le permitieran batirse en su lugar...

 

"La señora Daudet es mucho más artista que yo, es la mujer ideal para el arte".

 

Daudet tiene miedo de que sus hijos hereden su enfermedad y le resultó muy doloroso escribir su obra L'Obstacle. Dijo: "Quisiera morir de piedad, igual a no sé qué rey de la antigüedad que se enfermó al ver a sus miserables prisioneros.

 

10 de enero. Sea cual sea nuestra integridad, siempre es posible que se nos pueda clasificar en la categoría de ladrones.

 

3 de febrero. Anoche, cena de simbolistas. Múltiples brindis, preparados, improvisados, leídos o farfullados. Frase de Barrès: "Todos tenemos en el fondo del corazón el petardo antisimbolita". Encuentro a Barrès gelatinoso. La perilla de Félix Fenéon.

 

Había un señor con rígido plastrón y una cosa blanca, grande, en el ojal. Se hubiera dicho que era el huésped de honor del simbolismo. Cuando le preguntaban: "¿Por qué está usted aquí?", contestaba: "Acaban de reprobarme en el bachillerato. Al salir de la Facultad vi que había un banquete de intelectuales y no me lo quise perder". Algo le sorprendía: "¡Cómo! Son las once ¿y ustedes aún tendrán tiempo para publicar artículos en los diarios de mañana?".

 

Mendés es la pederastia en el ademán; Mirbeau, el tipo de ayudante de artillería; María Kryzinska, una boca para poner el pie adentro.

 

Raynaud no estaba contento con la cena y reclamaba: "Ni siqueira hemos tenido tiempo de emborracharnos un poco".

 

Vanor da unos hábiles apretones de mano y es un maestro para saludar con la cabeza y sonreír con simpatía. A Moréas el cabello le cae sobre los bigotes.
Jean Carrère es un Lamartine meridional que cree en lo ideal, en lo infinito, en Job y en un montón de tonterías, y para probarlo recita sus versos. Además, quisiera que lo consideraran un bárbaro y cree que cuando aparezca su libro de versos todo el mundo se ocupará de él. ¡Y eso que Louis Denise le ha hablado claro! León Lacour, ahora canoso y calvo, sigue siendo pequeñito.

 

Los que creen que la literatura es una nodriza se sienten mal.

 

Toda esta gente dice: "Soy un rebelde", con el tono de un viejo que acaba de hacer pipí sin sufrir demasiado.

 

4 de febrero. Sí, yo hablé a las estrellas con frases escogidas, quizá en verso, y me quedé de brazos cruzados esperando sus repuestas. Un coro de perros flacos me repondió con monótonos aullidos.

 

13 de febrero. ¡La vida literaria! Anoche fui a ver a Lemerre. No voy a menudo por timidez. No había ningún ejemplar de Sourires pincés a la vista y se me ocurrió pensar, como un imbécil, que los mil ejemplares estaban agotados. Al entrar, mi corazón palpitaba un poco, pero Lemerre ni siquiera me reconoció.

 

25 de febrero. Esta mañana conversé una hora y media con Alphonse Daudet. Estaba un poco mejor, más contento y caminaba casi normalmente. Goncourt le ha dicho: "Diga a Sourires pincés que no lo olvido y que le escribiré cuando haya terminado con La fille Elise". Goncourt no puede superar las pequeñas miserias de la vida literaria: un artículo mal intencionado que publicó Bonnières en Figaro lo hirió profundamente. Quedó aplastado por largo tiempo. Sin embargo, debería sonreír, ya que en ese artículo se dice que lo que en su obra es bueno pertenece a Ajalbert.

 

-¿Conoce usted a Víctor Hugo?
-Sí, muchas veces he comido con él. Me consideraba hombre risueño. Yo bebía casi tanto como él, pero me he negado siempre a darle mis libros, diciéndole: "Querido maestro, no los leerá usted y hará que me escriba alguna de las mujeres que le hacen la corte". Me empeciné en esa posición y Víctor Hugo murió sin leerme.

 

"La señora Daudet era, en la mesa de Hugo, una chiquilla que no se atrevía a hablar por temor, sin duda, de que la confundieran con las pedantes que rodeaban al maestro. En el fondo, su timidez era orgullo.

 

Voy todos los domingos a casa de Goncourt, me cuesta mucho, pero voy. ¡Está tan solo, son tan pocos los que lo acompañan! Fui yo quien fundó su Grenier.

 

"Con la instantánea sólo se obtiene lo falso. Fotografíe usted a un hombre que cae: fija usted un momento, pero nada que se parezca a una caída".

 

"Me acostumbré a escribir cuanto se me ocurría. Anoto al vuelo todo pensamiento, así sea malsano o criminal. Esas notas no darían, por supuesto, el retrato del hombre que soy.

 

No somos responsables de las extravagancias de nuestro cerebro; sólo podemos rechazar lo inmoral y lo ilógico, pero no impedir que brote.

 

"Un día escribí que las únicas impresiones imborrables son las primeras y que el resto es sólo una repetición, resultado de la costumbre. Al día siguiente encontré la página rayada con la uña: la señora Daudet, indiscretamente, la había leído, y se hizo este razonamiento aparentemente muy sencillo: "Si él ha dicho te amo a otras mujeres y yo llegué después, ¿cuán sinceras pueden ser sus palabras de amor?".

 

"La vida es una caja de instrumentos que pinchan y cortan; en cualquier momento nos ensangrentamos las manos.

 

"Me casé joven, tenía una deuda de cuarenta mil francos, me casé por amor y por razonamiento, huyendo de las juergas y del amancebamiento. Mi mujer tenía unos cien mil francos; empezamos por pagar mis deudas y hasta llegamos a empeñar los diamantes de la señora Daudet; ella, que llevaba sus cuentas como perfecta ama de casa, se horrorizaba de la palabra Montepío y en su lugar escribía en su cuaderno: "allá".

 

"Un día llega Glatigny. "Vengo a compartir tu almuerzo" -me dice. Le respondo:

"Me alegro que hayas llegado tan tarde, porque no tenía más que un panecillo de un céntimo y apenas si me alcanzó". Glatigny me llevó a casa de Banville, a quien le pedimos prestados cuarenta céntimos.

 

"Banville es un hombre a quien no logro conocer: no escucha, no tiene interés en "descubrir talentos" y, al igual que un comprador, no espera de nuestras frases más que la palabra que pueda provocar su respuesta. Sabe muchas anécdotas, las cuenta muy bien, y ellas son lo mejor de su ingenio. Nos conocemos desde 1856 pero es alguien con quien no deseo encontrarme.

 

"¡No se preocupe usted por la familia! ¡Nunca logrará satisfacerla! Mi padre asistía a la representación de una de mis obras cuando un caballero sentado cerca de él, dijo: "¡Qué pesada!". El buenazo de mi padre aceptó desde ese momento la opinión de ese tonto como algo decisivo y ya nada logró cambiarla, ni el éxito de la pieza, ni los artículos elogiosos en los diarios.

 

En una ocasión, mi hijo pasó una velada con algunos de mis enemigos, que sólo se empeñaron en desacreditarme. ¡Qué cara puso! He descrito esa cara en mis apuntes y el pobre muchacho sabrá algún día lo que pensé de él esa noche. Este cuaderno es para él y no quiero que se publique nunca. Lo leerá después de mi muerte. Mu hijo León tiene un talento de primer orden; ha escrito cosas muy buenas y tiene el valor de no publicarlas. ¡Qué hermoso!

 

-"Llegará usted, Renard, y ganará dinero, estoy seguro, pero de cuando en cuando no podrá dejar de darse puntapiés en las asentaderas...

 

"¡Qué absurdos y pobres son los simbolistas! Prefiero no hablar; no nos reservan alguna sorpresa. El hombre de talento siempre llega; creo fanáticamente que todo esfuerzo recibe su compensación. Venga el jueves: encontrará un grupo de gente fría y algún otro que como Rosny, el del potente cerebro de sabio, nos aturdirá con sus palabras".

 

Apreté fuertemente la mano de Daudet diciendole: "Querido maestro, me ha dado usted ánimos para un largo tiempo."

 

5 de marzo. Ayer en casa de Daudet, estaban Goncourt, Rosny, Carrière, Geffroy, el señor y la señora Toudouze, Rodenbach y su mujer. ¿Por qué salí asqueado? Sin duda había imaginado que Goncourt no era humano. ¿Por qué se encontrará en los viejos las mezquinades de los jóvenes? ¡Cuántas chismes contra el pobre Zola, hasta lo acusaron de pasarse al simbolismo! Y escuchar a Banville, a quien Daudet llama "ese viejo camello", decir con ingenio: "Si yo hiciera el árbol genealógico de Zola, me encontrarían un día colgado de una de sus ramas...".

 

Goncourt parece un gordo militar retirado, cuyo talento no vi: será en otra ocasión. Si esa segunda ocasión no cambia mi primera impresión, será para mí el hombre de las repeticiones, las mismas que me son insoportables en sus obras. Rosny, es un charlatán pedante: siente una vil satisfacción en citar a Chateaubriand, sobre todo de las Mémories d'Outre-Tombe.

 

Carrière es un señor que, al dar la mano, trata de hacerlo lo más cerca posible del muslo.

 

Rodenbach es un poeta que nos considera faltos de candor, que ha tomado en serio el artículo de Raynaud sobre Moréas y que ya no se reconoce en las ironías de Barrès. Le pidieron unos versos y se hizo rogar; ante la insistencia, simuló buscar en su memoria, pero en ese lapso nos cansamos, nos pusimos a hablar de otra cosa y él ya no pudo decir sus versos...

 

¡Qué día malo el de ayer! En L'Echo de París han considerado que mi novela Le navet sculpté es demasiado sutil, pero yo no he encontrado bastante sutiles a nuestros grandes hombres. No tendra aceptación.

 

La señora Dardoise le han regalado a Lucien, el menor de los hijos de Daudet, un pequeño álbum para que los invitados escriban algo en él: Yo puse: "Un rayo del Sol entró y se reflejó en el piso. El niño lo vio y se inclinó para agarrarlo. Al hacerlo se quebró las uñas y exclamó dolido. "¡Quiero el rayo del sol!". Con rabia, se puso a llorar, golpeando con el pie en el suelo. Entonces el rayo de Sol se fue".

Verdaderamente, ¿qué he querido decir con esto?

 

La señora Dardoise: Solamente en las mujeres muy viejas encontramos amor por la juventud y por la vida.

 

Habla Daudet: "Francia es especialista en escuelas. Yo hubiera logrado mucho más éxito de instalar mi tienda frente a la tienda de Zola, pero nos asociamos con él, por indiferencia, y hoy toda la prensa está con Zola. No hay homenajes más que para él.

 

Luego habla de Rable, la novela de Banville, y protesta contra ese caballero que quiere hacer una novela histórica sin documentos. Goncourt agrega: "Reconozco que no he podido entrar aún en esa masa compacta...".

 

Rodenbach: "Cuando la generación de Anatole France no quiso saber nada con él, éste exclamó, volviéndose hacia los jóvenes: Sepan que soy como ustedes".

 

7 de marzo. El cerebro no tiene pudor.

 

8 de marzo. Hoy fui a casa de Daudet a buscarlo para ir juntos a visitar a Rodin y a Goncourt. He tenido la desgracia de caerle mal, sin duda por no elogiar sus libros, que no he leido. Su saludo fue frío, su cortesía apenas lo indispensable y ninguna invitación ni una palabra de su mujer para la mía ni para el niño. ¡Hijo mío, alguna torpeza has cometido! ¡Cómo nos golpea la vida!... Daudet habla de la elegancia de su hijo Lucien; de su propia despreocupación por la indumentaria y de un par de pantuflas que se mandó hacer; luego salimos.

 

En casa de Rodin, fue una revelación, un encanto esa Porte de l'Enfer, también esa cosa pequeña como una mano que se llama L'eternel idole: un hombre vencido, con los brazos a la espalda, pega sus labios en la piel de una mujer de expresión muy triste, besándola debajo de los senos. Me cuesta mucho olvidar esto. Hay un bronce: una mujer vieja, horriblemente hermosa, con sus senos chatos, su vientre ajado y su cabeza bella aún. Además cuerpos que se enlazan, brazos que se anudan y el Peché originel, la mujer aferrada a Adán, atrayéndolo con todo su ser, y el Sátiro estrujando entre sus brazos a una mujer, con una mano entre sus muslos; esos contrastes de pantorrillas de hombre y piernas de mujer. ¡Señor, dame fuerzas para admirar todas estas cosas!

 

En el patio están esperando la vida trozos de mármol, que se me antojan extraños por su forma, casi diría por su deseo de vivir. ¡Qué gracioso! ¡Ni que estuviera descubriendo a Rodin!

 

Rodin, con su tipo de pastor, el escultor del dolor de la voluptuosidad, interroga candorosamente a Daudet y le pregunta de qué modo tendría que llamar a sus sorprendentes creaciones. Él sólo halla nombres vulgares, algunos de la mitología. Por ahí veo algo grotesco de verdad: un Victor Hugo desnudo, en proyecto.

 

La casa de Goncourt es un museo de arriba a abajo; por mucho que mire, no veo nada, nada que se destaque. Goncourt está en su ambiente, como cualquier viejo coleccionista, ajeno a cuanto no sean sus manías. Me pongo a mirar unos Daumier, y Goncourt se apresura s sostenerme el volumen, que se inclina ligeramente:
-Se puede romper -dice, y agrega-: Si le desagradan, no los mire por obligación.

 

La casa no tiene aspecto sólido, la puerta del "granero" cierra mal, golpea continuamente y, rodeados de todas esas figurillas chinas, podríamos creer que estamos en una de los más ricos expositores de la Exposición Universal.

 

-¿Fuma usted?
-No.
-¡Oh! Debe ser para presumir.

 

9 de marzo. He conocido tres cerebros, dice Goncourt: Gavarni, Bethelot y un alcalde de pueblo.

 

En el taller de Rodin creí que mis ojos estallarían de pronto: hasta ese momento había considerado la escultura como trabajo en un nabo.

 

Escribir como Rodin esculpe.

 

Burty, cuya colección está ahora en venta, invitó un día a cenar a Alphonse Duadet, a su mujer y a Goncourt. A los postres hizo un aparte con la señora Daudet, a quien mostró una edición original, agotada, de Les Amoureuses, con una dedicatoria de Daudet a su mujer.

 

No hace sino dos meses que la señora Daudet le ha contado esto a su marido, rogándole comprar ese ejemplar a cualquier precio.

 

Burty era un agente de colocaciones; le hizo la guerra a la criada de Goncourt para reemplazarla por una recomendada suya.

 

Escribió un libro, Grave Imprudence, sólo para hundir Manette Salomon.

 

-Cuando Burty tenía malos pensamientos -dice Goncourt- se le notaba en seguida, pues se achispaba.

 

11 de marzo. Reynaud y yo discutimos sobre Mallarmé. Yo digo que es estúpido y él que es maravilloso. Así son las discusiones literarias.

 

 

14 de marzo. Temo que nos ocurra algo terrible: Una celebridad médica con monóculo, que cobra cuarenta francos la visita, acaba de mencionar la palabra crup al hablar de mi hijo. Después de eso, ya no sabemos qué más dijo. Marinette llora y yo he salido del consultorio con un nudo en la garganta; estamos mareados de miedo.

 

Escuchamos la respiración el niño, a veces es ronca, otras, sibilante. Como los vómitos lo alivian, quisiera verlo vomitar continuamente. Lo más terrible es que se le ve contento. Mientras ríe, quizá la muerte lo acecha. Pero esto es literatura; confundimos laringes y faringes.

 

20 de marzo. Ayer, Schwob se quedó hasta las dos de la mañana. Era como si tomara mi cerebro entre sus finos dedos y lo volviera al revés para exponerlo a la luz. Hablaba de Esquilo y lo comparaba con Rodin. Analizaba los Sept de Thèbes y la rivalidad de Etéocle y Polinice, y el estilo geométrico, arquitectónico, de la pieza: tantos enemigos contra tantos enemigos, tantos versos, por ejemplo diez, para cada jefe...

 

En cierto momento la lámpara se apagó. Encendí las velas del piano y el rostro de Marcel Schwob quedó en la sombra.

 

Presiento que este joven ejercerá una enorme influencia sobre mí.

 

Yo: No sabe usted bien cuánto valor se necesita para no hacer sufrir a los demás.

 

Él: Yo temo la tontería de la mujer. Mi querida es una chiquilla muy necia, pero eso sí, de gran donaire.

 

Acabamos por confesar que cuando un ser querido está enfermo y próximo a morir, en lugar de pensar en él, nos condolemos por anticipado pensando en las actitudes que tendremos que adoptar para demostrar nuestro dolor.

 

23 de marzo. Balzac es quizá el único que tuvo derecho a escribir mal.

 

24 de marzo. El simbolismo es siempre como el "viajemos juntos" de los viajeros que parten al mismo tiempo pero se separan al llegar.

 

7 de abril. El estilo es el olvido de todos los estilos.

 

15 de abril. Schwob me dice que L'Echo de París editará un suplemento literario y que Mendès le encargará que lo dirija. Lo felicito como al tío de quien heredaremos, y la estima que le tengo no me impide pensar en cómo utilizarlo.

 

Daudet, locuaz, nos habla de la partida de Gauguin, que quiere ir a Tahití porque allí no conoce a nadie, pero que nunca se va, a tal punto que sus mejores amigos le dicen: "Tiene que marcharse, querido amigo, tiene que marcharse".

 

21 de abril. Palabras oídas por el padre de Schwob:
En el teatro hay un caballero con la nariz deforme. Su vecino, de pronto, se vuelve hacia él y le dice:
-No puedo menos que decírselo: hace un cuarto de hora que su nariz me molesta.
-Y a mí desde hace veinticinco años -contesta el de la nariz deforme.

 

24 de abril. Ayer tarde, en casa de Daudet. Parece que la nieta ha tansformado un gallo de cartón que le han regalado, en un ente moral que se llama "el gallo del señor Renard", y con el cual conversa. Está la espléndida Jeanne Hugo con su maravillosa nariz de raza a lo Víctor Hugo. Goncourt habla, con una bondad que se me antoja falsa -¿por qué?- de la insignificante venta de sus libros, de los cuales algunos, sin embargo, han originado un ruido a lo Drumont.

 

Rosny habla infatigablemente de su pesadilla: Huysmans.

 

Escucho: "Para vomitar su época habría que haberla comido. Todos somos rebeldes en estos tiempos."

 

Con respecto a eso dice Daudet: Yo no quise entrar en la Academia. Jamás me tomarán por un rebelde. ¿Por qué?

 

Charpentier pretende leer todos los manuscritos.

 

Margueritte es un joven corpulento y muy afable.

 

Estaba Toudouze, que me buscaba por todas partes, para agradecerme con la misma efusión, sin duda, que ponía yo por encontrarlo.

 

Un caballero lampiño me habla siempre de mi libro; sin embargo, si me hablara de otra cosa lo encontraría insoportable.

 

Daudet me define a Schwob: "Tiene la cabeza llena."

 

Carrière tiene en sus palabras lo gris, lo incierto y lo inconcluso de sus telas.

 

26 de abril. Ferdinand Fabre, el hombre que quiere todos los premios de la Academia.

 

30 de abril. Schwob dice que quizá encontráramos en la Biblia nuevos procedimientos literarios y el arte de dejar las cosas en su sitio.

 

1º de mayo. ¿Qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que intenta hacer un ferrocarril con espárragos?

 

2 de mayo. Adquiere el talento de decir: "Es interesante", sin bostezar.

 

7 de mayo. Asir por el cuello la idea que se escapa y aplastarle la nariz sobre el papel.

 

*Sé que me atormentará la frase y llegará el día en que no podré escribir una sola palabra.

 

*Mi temor era transformarme, más tarde, en un inofensivo Flaubert de salón.

 

18 de mayo. He vuelto a ver a Rigal. Nada tan doloroso cual encontrar como mendigo a un antiguo maestro.

 

26 de mayo. Moréas dice: "Me parezco a Racine."

 

Pensemos cada mañana en las amistades que vamos a cultivar y en las plantas que debemos regar.

 

28 de mayo. Me presentaron ayer a Mendès, quien me dijo: "Si tiene usted una novela, traígala; dentro de cinco o seis años la publicaremos".

 

18 de junio. Quédese tranquilo, no olvidaré nunca el favor que le hice.

 

15 de julio. No le seguiría a usted ni para ir al fin del mundo.

 

29 de julio. L'Ecornifleur es la historia de un joven insoportable que habla ontinuamente y no demuestra nada.

 

30 de julio. La guerra no es, quizá, más que el desquite de los animales que hemos matado.

 

31 de julio. Todo libro tiene su pudor y no hay que hablar de él demasiado.

 

1º de agosto. ¡Señor, ayúdanos a mi mujer y a mí a comer nuestro pan cotidiano del matrimonio!

 

3 de agosto. Se reconocen "mi estilo" es, ¡ay!, porque hago siempre lo mismo.

 

9 de octubre. Una joven víctima de una accidente ocasionado por la benevolencia.

 

*La verdadera felicidad consistiría em recordar el presente.

 

10 de octubre. ¡Ay! Me basta todavía que un hombre me diga que es decente para que lo crea.

 

15 de octubre. Un duelo parece un ensayo general de un duelo.

 

16 de octubre. Señor, he visto sobre la mesa del carnicero sesos parecidos a los suyos.

 

18 de octubre. Quisiera ser, en prosa, un poeta muerto al que se echa de menos.

 

*La prosa debe ser un verso que no conserva el renglón.

 

22 de octubre. Mis amigos me esperan en la novela, como en el recodo de una calle.

 

28 de octubre. Se puede transmitir el lenguaje de los campesinos sin faltas de ortografía.

 

2 de noviembre. Es soprendente observar cómo todas las celebridades literarias mejoran cuando se las ve en caricatura.

 

*Al entrar en el despacho de una redacción experimento siempre esta timidez, como si hubiera enemigos escondidos en las carpetas, y cuando un amable corrector de pruebas de Supllément me ofrece cortésmente una silla, me pregunto si se está burlando de mí o quiere gastarme una broma.

 

*Ayer cobré el primer céntimo que me dan las letras. En ese momento un céntimo es tan bello como cincuenta mil francos.

 

*Cuando salíamos Schwob me dijo: "¿Ve usted a esa mujer que acaba de dejarme? Es mi pasado que vuelve y al que me entregaré de nuevo. Esa mujer me ha hecho hacer todo aquello que conduce a la cárcel y a la justicia. Además, me puso en ridículo: este Schwob que usted conoce montaba a caballo, jugaba a las carreras y se vestía a la última moda. La desprecio, es necia, vuelve a mí porque cree que tengo dinero; es orgullosa; para ella soy un periodista y los periodistas no significan nada; sin embargo, volveré a ella y por su causa haré sufrir a otra mujercita a quien amo, que es buena, sencilla y se conforma con lo poco que le doy. No me atrae su carne. ¿Qué me atrae entonces? Volveré a ser lo que he sido: un ser sucio."

 

4 de noviembre. Cena de Flammarion. Gravemente, nos quitan a Schwob y a mí platos que no hemos comido. El lenguado al vino blanco no llega hasta nosotros. Nos desquitamos con pan y manzans verdes. Hay quien se pelea por el queso. Un caballero, un Lovis Hugues inflado aúlla como un perro lobo. Un autor, al que creemos dramático, que escribe monólogos, canta... Xanrof hace tonerías en el piano, mientras Fasquelle, el socio de Charpentier, baila la danza del vientre y hace temblar la mesa frotándola con el pulgar. Tiene una nariz ancha, aplastada, en medio de la cara. Es como si al darle un puntapié el pie se le hubiera quedado adherido.

 

Mendès conversa con Flammarion, quien parece tan aburrido como un editor que escuchara a un autor. Flammarion, el astrónomo, que en cuanto entró me pidió la mitad de mi pan, me informa que le llevará siete años de trabajo, preparar el fin del mundo. Parece que está en buenas relaciones con el cielo y muy bien consigo mismo.

 

Un actor, Florent que hace imitaciones, está rapado como una nalga y, sin embargo, encontró la manera de hacerse raya.

 

A lo lejos, en el extremo de la mesa, veo a Ginisty, cuyos ojos parecen la ranura que tiene el lapicero para poner la pluma; su cabello es aceitoso, como recién salido de la colada, y tiene en la frente algo que Schwob toma por una laucha y yo por el trasero de un sapo.

 

Un señor, con una mancha borra de vino, parece un asesino sentado a la mesa sin haberse lavado previamente.

 

Más allá una especie de Homero congestionado y sin dientes habla de inspiración: es Lacroix, el que le dio casi un millón a Víctor Hugo.

 

Berthol Graivi parece un celador flaco y condecorado.

 

Schwob: "¡Qué bestialidades!"

Yo: "¡Y los pelos que tienen! Como si Dios de puro apresurado, no hubiera tenido tiempo de arrancárselos."

Schwob: "Y esos ojos, esos pares de molares, esas narices, esas extraordinarias protuberancias carnosas."

Naturalmente, él y yo somos hermosos.

 

Al levantarnos de la mesa veo a Mendès que se ajusta los patalones.

 

Allais: "Me alegro de conocer a Jules Renard."

Yo: "Recuerdo algo suyo: aquella joven que no quiere subir al ómnibus cuyo color desentona con su vestido..."

Allais: "¡Diablos! Es cierto, es una joya; pero parece usted desalentado."

Yo: "En absoluto; me divierto. Mi ilusión era alternar con hombres de letras."

 

Mendès: "Una vez fui a cenar a casa de Claudel, el que se divertía sentando a su niño sobre la sopera con el culito desnudo para calentárselo. Eso le causaba gracia y a nosotros nos despertaba el apetito.

 

"Es menos sucio que Philoxène Boyer, a quien he visto conservar un mes una gran raya de tinta en la mejilla derecha, de tal modo que al abrir el ojo no había solución de continuidad."

 

Courteline: "Más gracioso es lo de aquel señor que no quería quitarse los calcetines sucios; se ponía un par nuevo y los viejos terminaban por salir a través de aquéllos. También he visto a dos borrachos jugar así a las cartas: unos, al dar vuelta el rey, vomitaba, entre otras cosas, trozos de riñones; el otro, tan borracho como el primero, levantaba las cartas, se levantaba y tomando los trozos de riñones de la barba de su amigo se los ponía en el bolsillo."

 

8 de noviembre. Cuando se es joven se tiene originalidad, pero no talento.

 

25 de noviembre. Barrès olvida a menudo que lo que él llama desdeñosamente "un relato" es mucho más difícil de hacer que una reflexión filosófica.

 

* Hay críticos que sólo hablan de los libros por hacer.

 

2 de diciembre. Gentes a las cuales se les encuentra talento pero a las que no se lee jamás.

 

*Convendría poner en nuestros libros, en lugar de primer millar, segundo millar: primera docena, segunda docena.

 

7 de diciembre. No hay más que una manera de ser un poco egoísta que los demás, y es confesar nuestro egoísmo.

 

11 de diciembre. Confieso muy humildemente mi orgullo.

 

16 de diciembre. Noto que Barrès sólo cultiva los amigos que pueden serle útiles. Le presenté a Schwob, los reuní a comer aquí y como Schwob es director del Supplément de L'Echo, adivinad el resto.

 

17 de diciembre. En suma, ¿qué debo a mi familia?

¡Ingrato! Novelas ya hechas.

 

23 de diciembre. He visto, en casa de Schwob, a André Gide, el autor de Cahiers d'André Walter. Schwob me presenta diciendo que soy un obstinado insoportable.

Si no lo es, dice Gide en voz aguda, lo parece.

Es lampiño, está resfriado, tiene mandíbulas exageradas y ojos entre dos promontorios. Está enamorado de Oscar Wilde, cuya fotografía veo sobre la chimenea: es éste un señor grueso, muy distinguido, también lampiño, que ha surgido hace poco.

 

Fue imposible lograr que Courteline viniese a cenar: él come siempre en familia.

-Sin embargo  manifiesta Schwob , cena usted todos los martes con Mendès.

-Mendès forma parte de mi familia -contesta Courteline.