EL CURA QUE SUPLANTÓ AL DIABLO

 

Juan Rodríguez Freyle

 

Estaba en el pueblo de Ubaque por cura y doctrinero el padre Fran-cisco Lorenzo, clérigo presbítero, hermano de Alonso Gutié¬rrez Pi-mentel. Era este clérigo gran lenguaraz (2), y como tan diestro, trababa con los indios familiarmente y se dejaba llevar de muchas cosas suyas, con que los tenía muy gratos, y con este anzuelo les iba pescando mu-chos santuarios y oro enterrado que tenían con este nombre: sacóle, pues, a un capitán del pueblo un santuario, y éste con el enojo le dio noticia del santuario del caci¬que viejo, diciéndole también como sería dificultoso el hallarlo, sí no era que el jeque que lo tenía guardado lo descubriese, y dijole a dónde estaba. El Francisco Lorenzo examinó muy bien a este capitán, y sacó de él labranza y parte a donde estaba el santuario.
Salió el dicho padre un día, como quien iba a cazar venados, que también trataba de esto, llevaba consigo los muchachos más grandes de la doctrina y los alguaciles de ella, y con ellos el capi¬tán que le había dado noticia del santuario, que le llevaba el perro de laja con que cazaba junto a sí; y con esto desechó la gente del pueblo, que lo traía siempre a la mira por los santuarios que les sacaba.
Levantaron un venado y dio orden que lo encaminasen hacia las la-branzas del cacique, y con este achaque la guía tuvo tiempo de ense-ñarle el sitio del santuario y los bohíos del jeque que lo guar¬daba, que todo lo reconoció muy bien el clérigo. Mataron el vena¬do y otros, con que se volvieron muy contentos al pueblo, y por algunos días no hizo el padre diligencias por santuarios, como solía, con lo cual los indios no lo espiaban tan a menudo como solían. Mandó que le trajesen alguna madera para hacer algunas cruces, que eran para poner por los caminos.
Tenía el padre, de muchos días atrás, reconocida una cueva que es-taba entre aquellos peñascos, de donde él había sacado otros santua-rios. Parecióle a propósito para su intento, y encima de esta cueva mandó a los muchachos que pusiesen la cruz más gran¬de que había hecho, para que algunos días fuesen a rezar allá, re¬partiendo las demás por el camino y sendas que iban a la labranza del cacique.
Anduvo algunos días estas estaciones con sus muchachos des-cuidado de tratar de santuarios. Descuidó la gente y enteróse bien de la cosa, después que tuvo bien zanjeado su negocio y preveni¬dos los al-guaciles que habían de ir con él, aguardó una noche os¬cura, tomo una estola, hisopo y agua bendita, y con sus alguaciles fuese rezando hacia unos ranchos que estaban cerca de la cueva a donde había mandado poner la primera cruz.
Llegado a los ranchos, mandó a los alguaciles que hiciesen candela y que apagasen el hacha de cera que habían llevado encendi¬da, y que le aguardasen allí mientras él iba a rezar a las cruces. Encaminóse a la que estaba encima de la cueva, y antes de llegar a ella torció el camino, tomando el de la labranza, por el cual bajó, que lo sabía muy bien, y sirviéndole las cruces que había puesto de padrón, fue asperjeando todo el camino con agua bendita. En¬tró por la labranza hasta llegar a los ranchos del jeque, sintió que estaba recuerdo y que estaba mascan-do hayo, porque le oía el ruido del calabacillo de la cal.
Sabía el padre Francisco Lorenzo de muy atrás y del examen de otros jeques y mohanes, el orden que tenían para hablar con el demo-nio. Subióse en un árbol que caía sobre bohío, y de él llamó al jeque con el estilo del diablo, que ya él sabía. Al primer llamado calló el jeque; al segundo respondió, diciendo: “aquí estoy, señor, ¿qué me mandas?”; respondióle el padre: “aquello que me tienes guardado saben los cristianos de ello, y han de venir a sacarlo, y me lo han de quitar; por eso llévalo de ahí”. Respondióle el jeque: “¿a dónde lo llevaré, señor?”. Y respondióle:”a la cueva del pozo”, porque al pie de ella había uno muy grande, “que mañana te avi¬sare a dónde lo has de esconder”. Respondió el jeque: “haré, señor, lo que me mandas”. Respondió pues: “sea luégo, que ya me voy"
Bajóse del árbol y pósose a esperar al jeque, el cual se metió por la labranza, y perdiólo de vista. Púsose el padre en espía del camino que iba a la cueva, y al cabo de rato vio al jeque que venia cargado; dejólo pasar, el cual volvió con presteza de la cueva, y en breve espacio volvió con otra carga; hizo otros dos viajes y al quinto se tardó mucho.
Volvió el padre hacia los bohíos del jeque vista la tardanza y hallóle que estaba cantando y dándole al calabacillo de la cal, y de las razones que decía en lo que cantaba alcanzó el padre que no había más qué llevar. Partióse luégo hacia la cueva, llegó primero a los bohíos a donde había dejado su gente, mandó encender el hacha de cera, y llevándolos consigo se fue a la cueva, a donde ha¬lló cuatro ollas llenas de santillos y tejuelos de oro, pájaros y otras figuras, quisques y tiraderas de oro; todo lo que había era de oro, que aunque el padre Francisco Lorenzo declaró y manifes¬tó tres mil pesos de oro, fue fama que fueron más de seis mil pesos. El carnero, pág. 84 a 86


En sus exhaustivas notas a El Carnero, Darío Achury Valenzuela, después de indicar que fray Pedro Simón también cuenta esta historia en sus Noticias historiales, escribe una larga cita comentando, y comparando, ambas historias, la cual concluye con una pregunta y una respuesta: “Después de todo, se preguntará el lector: ¿cuál de los dos relatos es el auténtico? Desde el punto de vista cronológico, uno se inclina a darle tal calificativo al del Padre Simón. El de Rodríguez nos parece una actualización fantástica, hecha en 1638, de sucesos acaecidos realmente en 1552, o sea, 86 antes de su relato escrito. Claro es que  en cuanto a técnica narrativa y el hábil empleo de recursos imaginativos, el de Rodríguez aventaja con mucho al cronista franciscano, quien sólo aspira, en el caso, a registrar de paso constancia intrascendente, enquistada en la narración, ella sí interesante para él, de la fundación de los conventos de las órdenes franciscana y dominicana en Santa Fe…”.

Darío Achury Valenzuela, y yo con él, considera en sus citas este “cuento, cabalmente redondeado, lo remató con el debido happy end.”