LA FANTASMA,
                          

                                         Cervantes de Salazar

 

Un tal Alonso de Ávila, comisionado por Cortés para llevar al Rey de España la primera gran muestra de la riqueza de México, fue obligado en alta mar a rendirse con su navío al corsario francés Florín, quien se lo llevó preso a Francia bajo la idea de ser “usanza de la guerra era que el capitán vencedor vendiese al capitán vencido”. Florín, al descubrir las enormes riquezas encontradas en el barco, atribuyó al capitán capturado una gran importancia personal y lo entregó al Rey bajo esa impresión. De inmediato fue encarcelado en una fortaleza donde sólo estaban presos algunos señores. Se pidió cuatrocientos mil ducados por su rescate.
Ávila “estuvo tres años enteros preso en aquella fortaleza, aun que  bien tratado, pero guardado con gran diligencia, por que no se fuese; y el primer años, casi desde el primero día que en aquella fortaleza entró, todas las noches sin faltar ninguna, después de apagadas las velas, de ahí a poco, sentía abrir la cortina de su cama y echarse al lado una cosa que, al parecer del andar y abrir la cama, parecía persona; procuró las primeras noches de abrazarse con ella, y como no halla cuerpo, entendió ser fantasma. Le habló, le dijo muchas cosas y la conjuró muchas veces, y como no le respondió, determinó de callar y no dar cuenta al Alcaide ni pedirle otro aposento, porque  no entendiese que hombre español y caballero había de tener miedo.
Pasados ya muchos días en que, sin faltar noche, le aconteció esto, estando una tarde sentado en una silla, muy triste y pensativo, se sintió abrazar por las espaldas, echándole los brazos por los pechos, le dijo la fantasma: “Mosiur, ¿por qué estás triste?” Oyó la voz y no pudo ver más de los brazos, que le parecieron muy blancos, y volviendo la cabeza a ver el rostro, se desapareció.
A cabo de un años que esto pasaba, viendo el Alcaide por la conversación que con él y con otros caballeros tenía, que podía ya fiarse algo de él, consintió que un clérigo que mucho se había aficionado a Alonso de Ávila, quedase a gran instancia suya a dormir aquella noche en el aposento, donde hecha la cama, frontero de la de Alonso de Ávila, apagadas las velas y cansados ya de hablar, ya que el clérigo se quería dormir, sintiendo que persona, abriendo las puertas, entraba por el aposento, habiéndolas él cerrado por sus manos, y que abría la cortina y se echaba en la cama, despavorido y espantado de esto, levantándose con gran presteza, abrió las puertas y salió dando grandes voces; alteró la fortaleza; despertó al Alcaide, el cual acudió con la gente de guardia, pensando que Alonso de Ávila se huía. Llegado el Alcaide, el clérigo pidió lumbre, diciendo que el demonio andaba en aquel aposento. Metida una hacha encendida, no se halló cosa más de a Alonso de Ávila en su cama, el cual, sonriéndose, contó lo que había pasado un años continuo, y la causa por la que había callado. Se maravilló mucho el Alcaide y los que con él venían, y tuvieron de ahí en adelante en más su persona, y así miraban por él con menos recato.
Mucho pesó después a Alonso de Ávila de haber descubierto lo que había pasado, porque  jamás sintió la fantasma, y como le había abrazado y hablado tan amorosamente, pensó que a no haber descubierto el secreto, le dijera alguna cosa en lo tocante a su prisión, en la cual estuvo dos años después, por que  no  querían los franceses acabar de desengañar, creyendo siempre que era algún gran señor y no un particular caballero.”